
Existe un consenso en torno a la idea de que China supone la mayor amenaza para Estados Unidos, sobre todo en materia económica y comercial. Es cuestión de tiempo que la economía china supere a la estadounidense, y en este punto coinciden las previsiones de la mayoría de los organismos financieros imperialistas. Nadie afirma que el gigante asiático sea una amenaza militar para EEUU, ni que se entrometa en sus asuntos internos, y mucho menos que organice acciones de desestabilización que socaven la seguridad y la soberanía de Washington.
Sin duda, el crecimiento económico chino aterroriza a la burguesía imperialista mundial. El gobierno chino, con las políticas que han posibilitado el desarrollo económico-productivo del país, no se cierne sobre los intereses de las burguesías imperialistas más influyentes sólo como un competidor en mejores condiciones, sino que, además, trae consigo la construcción del socialismo (con sus aciertos y errores) desde hace 60 años.
Las transformaciones que experimentó China con las reformas emprendidas bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, que supusieron el abandono de los estándares económicos antimarxistas preponderantes hasta entonces, ha sido la clave para que China sea hoy lo que es. Y en ese sentido, que la propaganda imperialista y buena parte de la izquierda derrotista obvia, también es una seria amenaza para EEUU. Pues China y su porvenir significan también el advenimiento de un socialismo experimentado que se fundamenta en la economía política marxista.
En esos términos se puede hablar de la amenaza china. Pero si abordamos las relaciones bilaterales chino-estadounidenses en un sentido bélico e injerencista, inferimos que es Washington quien amenaza constantemente la integridad, la soberanía, la seguridad y el desarrollo estable de las relaciones comerciales entre ambos Estados.
En esta ocasión, con el plan de venta masiva de armas a las autoridades de Taiwán, que anunció EEUU el 29 de enero, el gobierno chino y su pueblo tienen nuevamente una razón para estar enfurecidos. De momento, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China anunció que suspenderá parcialmente los programas militares bilaterales con EEUU y sancionará a las compañías estadounidenses implicadas en la venta de armas a Taiwán (que cuenta con el visto bueno del gobierno de Obama).



























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